Corren como el viento,
sin mapas ni dudas,
siguiendo el rastro invisible
de la alegría más pura.
Ladran a la luna,
como si en su brillo guardara
el secreto de todas las noches
que esperaron a su dueño.
Tienen en la mirada
la nobleza de los siglos,
y en el corazón,
el amor más antiguo y verdadero.
No preguntan de dónde vienes,
ni a dónde vas,
solo saben que el hogar
es donde estés tú.
Y cuando el tiempo los llama,
se van en silencio,
dejando en el aire
el sonido de sus pasos
y en el alma,
un amor que nunca muere.



