María Jerónima Francés. Mujer de José María “El Tempranillo”

María Jerónima Francés. Mujer del bandolero José María Hinojosa, “El Tempranillo”. La vida de Mª Jerónima es muy difícil poder seguir sus pasos.

La vida de María Jerónima Francés está completamente ligada a la leyenda del bandolerismo andaluz del siglo XIX. Aunque durante mucho tiempo su figura quedó a la sombra de su famosísimo esposo, José María Hinojosa, «El Tempranillo» hoy en día es recordada por derecho propio como símbolo de las mujeres invisibilizadas de la Sierra de Cádiz.

Seguir la pista exacta de su biografía es complejo porque los registros de la época son escasos, Apenas, por no decir nulas las imagenes. he incluso documentos sobre la persona de María Jeronima Frances.pero se sabe lo siguiente: Nació a principios del siglo XIX (se calcula que hacia 1805), en el seno de una familia humilde y jornalera que se dedicaba a la siega.

Recreación Mª Jerónima Frances

Recreando esta escena histórica. Aquí puedes ver en esta recreación  a María Jerónima Francés, esposa del famoso bandolero «El Tempranillo«, representada como una jornalera de principios del siglo XIX. La imagen captura sus orígenes humildes mientras descansa durante la siega en la Sierra de Cádiz, con un pueblo blanco típico andaluz al fondo que evoca los lugares donde su familia buscaba trabajo.

Su familia procedía originalmente de Almonaster la Real (Huelva), pero se desplazaban a donde hubiera trabajo agrícola, como Olvera, El Gastor o Torre Alháquime.  El vínculo con el bandolerismo: Su hermano, conocido como «Frasquito el de la Torre», fue uno de los primeros compañeros de andanzas de «El Tempranillo». Fue a través de él como María Jerónima conoció al célebre bandolero, con quien acabó contrayendo matrimonio.

Recreación Torre Alháquime

Recreación del pueblo de Torre Alháquime del siglo XIX, Esta basada en su topografía y arquitectura histórica. En primer plano, se observa la vida cotidiana de la época con figuras lavando ropa en un arroyo, hombres con vestimentas tradicionales como la faja y el sombrero calañés (evocando el bandolerismo que marcó este periodo) y mulas cargadas.

El pueblo blanco se aferra a la ladera, destacando la antigua fortaleza árabe y el gran torreón octagonal que corona la cima, elementos defensivos clave que definen su silueta y dan nombre a la localidad. También es visible el Arco de la Villa, que sigue siendo un acceso principal a la zona histórica.

El paisaje montañoso circundante de la Sierra de Grazalema y la luz cálida de la tarde completan una escena histórica y atmosférica.

La Tragedia de su Muerte.  Diputación Provincial de Cádiz. El episodio más conocido y dramático de su vida ocurrió el 6 de enero de 1832.  María Jerónima se encontraba escondida y a punto de dar a luz en un cortijo de la zona (algunas fuentes apuntan a Torre Alháquime y otras a las cercanías de Grazalema). Sabiendo que estaba de parto, los migueletes, soldados del rey encargados de cazar a los bandoleros— cercaron el lugar para atrapar a «El Tempranillo».

Huida de José María «el Tempranillo»

En medio del asedio, el tiroteo y la falta de asistencia médica en una situación tan extrema, María Jerónima Frances falleció tras dar a luz a su hijo (bautizado como José María Hinojosa Francés).

La huida legendaria: Al ver a su esposa muerta, «El Tempranillo» cargó el cuerpo sin vida de María Jerónima en la grupa de su caballo, tomó al recién nacido en brazos y logró romper el cerco de los soldados a galope .

El bandolero llevó el cuerpo de su amada hasta Grazalema, donde fue enterrada en el patio de la iglesia, y donde también se bautizó al bebé. Pocos días después, ante la imposibilidad de contener la fuerza del bandolero y conmovido por la tragedia, el rey Fernando VII acabó firmando el indulto para «El Tempranillo».

¿Pero cómo fue la vida de estas mujeres, esposa, madres e hijas?.

Esposas de los bandoleros del siglo XIX

La vida de las mujeres vinculadas al bandolerismo en el siglo XIX. La mayoría de las mujeres de los bandoleros no pisaban la sierra; se quedaban en los pueblos. Sin embargo, su vida no era más fácil que la de los fugitivos. Con el marido o los hijos huidos en el monte, ellas asumían por completo el peso de sacar adelante a la familia en un contexto de extrema pobreza rural.

Eran una pieza clave en la logística. Actuaban como «enlaces», camuflando alimentos, pólvora, ropa o información valiosa sobre los movimientos de la Guardia Civil o los Cuerpos de Escopeteros.

Lejos de los vestidos de gitana idealizados y los romances de las novelas de capa y espada, la mujer del bandolero del siglo XIX fue, ante todo, una resistente. Vivió castigada por la ley por los delitos de sus hombres, señalada por la sociedad de los pueblos y obligada a una madurez forzada para mantener vivos a sus hijos en una España rural profundamente desigual. Las mujeres de los bandoleros cumplían funciones vitales para la supervivencia de las partidas en las serranías (como la Serranía de Ronda o Sierra Morena): Eran el vínculo perfecto entre el monte y el pueblo. Al no levantar tantas sospechas como los hombres, bajaban a los pueblos a comprar víveres, pólvora, tabaco o a conseguir información sobre los movimientos de la Guardia Civil o los «migueletes».

Mujeres curando heridas

Curaban las heridas de bala o de faca con remedios naturales y escondían a sus hombres en cortijos abandonados o cuevas cuando el asedio era asfixiante. Trágicamente, a menudo eran el eslabón más débil. Las autoridades solían encarcelar a las madres, esposas o amantes de los bandoleros para obligar a estos a entregarse o a cometer un error.

Las vivencias de estas mujeres en la España de la época se pueden clasificar en roles concretos. Las madres, hermanas y amantes de los bandoleros eran fundamentales para la supervivencia de las cuadrillas. Se encargaban de proveer alimentos, lavar la ropa, curar heridas y actuar como informadoras sobre los movimientos de la Guardia Civil o los ricos hacendados.

En muchos casos, las mujeres de los pueblos eran el blanco de las autoridades, sufriendo interrogatorios, chantajes, encarcelamientos o destierros para obligar a los bandoleros a entregarse.

Bandoleras y líderes: Aunque minoritarias, algunas mujeres saltaron al primer plano, operando como jefas de bandas de asaltadores. Personajes históricos y legendarios, como María «La Serrana» o Victoria Acebedo, rompieron todos los esquemas tradicionales tomando las armas y participando activamente en los robos y el contrabando.

 

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